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Guillermo García

Alférez. Batallones de Marina, 1717

Alférez. Batallones de Marina, 1717

¿Me pregunta por mi natura? Yo nací en las afueras de Madrid, al borde de la cañada real leonesa, que luego supe llegaba hasta Ferrol, donde vi el mar por primera vez siendo un mozo de bigote fino.

Empezaba 1718 y los ministros de nuestro Señor Felipe V decidieron engrosar los recién organizados Batallones de Marina con soldados del Ejército, y se pidieron voluntarios en mi Regimiento, el viejo Galicia, acantonado en Badajoz.

Di un paso al frente. Así que se formó compañía para marchar hacia el Norte, por la Ruta de la Plata, primero, y por el Camino Inglés, después, a la inversa. Era una antigua senda romana, creo, que unía Ferrolterra y Santiago, por el que caminaban peregrinos ingleses en demanda la tumba del Apóstol, antes de convertirse en nación hereje y declararse enemigos de España, con la de quebraderos y daños mutuos que salieron de aquello desde entonces.

Cumplí varias campañas en América y Nápoles, y alcancé el empleo de Alférez, que es rango importante, mi Capitán, cosa que sabe, porque el Alférez es el oficial de la Plana Mayor del Batallón que porta la bandera principal.

He sido un hombre afortunado: tengo un tiro de sedal, que me hicieron en un muslo frente a Bahía unos negreros portugueses; y un tajo en la cabeza que solo me marcó la frente y se llevó un trozo de la oreja derecha. De lo demás, bueno, lo normal en un achacoso de 50 años, para qué enumerar averías como si fueran virtudes…

Y ya está.

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